Hace ya mucho tiempo que tenía ganas de una máquina de coser de las antiguas de toda la vida, y un día en internet ví esta y me enamoré de ella. Parecía que estaba en buen estado y el precio no era desorbitado. El caso es que fui a Madrid a verla, y la compré. Me acompañó Pilar, y luego me la trajo a Logroño en su coche.
La máquina está perfecta, le hace falta una puesta a punto y tiene un montón de pies diferentes, muchos de los cuales aún no sé ni cómo usarlos. Pilar fue quien la probó y os aseguro que es una experta en el manejo. Fue ella quien la bautizó como CLEO porque tiene un dibujo de una efigie.
Quedamos en mi casa y fuimos probándola, con más o menos acierto, todas. Luego fuimos a cenar para celebrar el encuentro.





































